¿De dónde tú eres?
21.01.21

Esta era la pregunta caliente más común que me hacían a menudo y siempre tenía que detenerme y preguntarme: ¿Le doy la contestación corta o la larga? Hasta hace poco por lo general procedía con la larga, que en sí traía otra pregunta: ¿A qué tú le llamas "ser de"? Después de contratar una prestigiosa agencia de encuestas para un estudio exhaustivo de lo que la mayoría considera "ser de", su resultado no me convenció.

Sucede que la mayoría cree que el lugar de nuestro nacimiento marca de donde uno es. Después de un largo periodo de 30 segundos de análisis llegué a la conclusión que la mayoría es absurda... por lo menos en este punto, y explico:

Muchos de nosotros nacimos en un pueblo donde no vivían nuestros padres, dado que los hospitales municipales no estaban preparados para atender partos (exceptuando los partos en la casa). En mi caso mi madre estaba visitando su familia en Añasco cuando tuvo los dolores de mi parto. Ella fue llevada "en volandas" a Mayagüez y nací en la Clínica Perea, donde "viví" unos días.

Luego regresamos a Ponce, donde mis padres - él de San Germán y ella de Sabana Grande - habían vivido unos 10 años. Allí fui parte de mi primera pandilla infantil que durante mis primeros 9 años se dedicó a terrorizar cuanto lagartijo fuera descubierto en la entonces llamada "Barriada Baldorioty". Como cualquier otro, mis destrezas sociales primarias fueron desarrolladas allí.

A mis 9 años murió mi madre asesinada por un vecino. Tras el suceso fue su madre (mi abuela) quien tomó el timón de la crianza de sus nietos - yo, mi hermana y mi hermano - repatriádonos al barrio Miraflores de Añasco permanentemente. Allí terminé mi cuarto grado y cursé el quinto. A pesar del sombrío y eterno duelo en la casa, allí también creé lazos amistosos con mis pares, tanto en el barrio como en la escuela urbana Ramírez de Arellano.

Terminado el año escolar mi abuela decidió regresar a su Sabana Grande. Allí llegué con 11 años de edad al sexto grado, terminando la primaria en la entonces activa escuela José R. Gaztambide. Allí conecté con otra pandilla, pero una que con unos 11 años de edad ya percibía la belleza atractiva de las "nenas".

De hecho, fue en la mañana del 11 de septiembre de 1967 cuando me (dizque) "enamoré". Lo recuerdo porque era el cumpleaño de la muerte de mi madre, fecha en que anualmente mi abuela solicitaba una misa en honor a ella temprano en la mañana. "Ella" y yo fuimos los primeros en llegar.

En esta nueva vida pueblerina y escolar no fue difícil crear lazos con una nueva pandilla, esta ya con una visión distinta del mundo debido a la entrada a la pubertad. Ya pasando a la adolescencia, la escuela intermedia amplió mis horizontes sociales dándole forma a una manada mixta - por un lado por chicos de mi edad pero curiosamente por otro lado también un grupo menor de adultos solteros.

Terminada la jornada escolar estudié un semestre en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y en enero de 1975 enlisté en el ejército. En esa etapa de 6 años viví en South Carolina, Hawaii, Alemania, Florida y dos veces en Texas, Georgia y Colorado ya como civil.

En medio de esta travesía vine a Puerto Rico de vacaciones varias veces, en todas visitando a mi padre. Él siempre me programaba "dar una vuelta" y creo que nunca supo que yo ya sabía (y disfrutaba) su intención. Esta era siempre llevarme al lugar de su nacimiento. "Mijo... no digas que eres de Ponce ni Sabana Grande... nosotros somos de San Germán," me decía mientras disfrtutábamos el encanto de su pueblo.

Unos 40 años más tarde mi esposa Deyka y yo fuimos a vivir en San Germán debido a mi insistencia. Quedé impactado por la experiencia y confieso que en algún momento ante la pregunta caliente dije que era sangermeño. Todavía hoy hay algo en mí que le encanta San Germán.

Pero también reconozco que más recientemente hubo sentimientos encontrados que me llevaron a analizar profundamente y experiencias añadidas que me ayudaron a aclarar mi postura. Esas experiencias se dieron durante mi trabajo en Sabana Grande después del azote del huracán María, aunque resido en Aguadilla. Diariamente me topaba con personas conocidas que me saludaban efusivamente... algunas remontándose aún hasta a aquellos tiempos de la escuela Gaztambide... amigos de prácticamente toda la vida... personas "desaparecidas" de mi radar que ahora aparecen, me reconocen y reconozco en la calle... amigos con quien tuve secretos... chicas ahora maduras que algun día besé... jovenzuelo de antaño que ahora era mi jefe... Es simplemente un sentimiento sublime.

¿De dónde soy? No tengo dudas: De donde llevo más en mí... del Pueblo del Petate, Sabana Grande. Soy sabaneño no solo por ser la cuna de mi madre, sino también porque considero que uno no es necesariamente de donde nace, sino de donde su corazón palpita más alegremente por sentirse "en casa".

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