Creando Realidades
11.27.12

"Creamos nuestra propia realidad". Esta sabia frase ha sido secuestrada en nuestros tiempos y convertida en un verdadero clisé, estando en boga principalmente en las industrias de la "autoayuda" y la "motivación personal". Y vuelvo a asombrarme cómo se han creado mercados millonarios para vender ideas que le dicen a la gente que pueden "lograr todo lo que quieran", que ya son "dioses" y otros 20 aforismos que obvian o ignoran el hecho que cada persona puede vivir solamente en su propio estado de evolución espiritual, o sea, solamente dentro de sus capacidades internas actuales. ¿O es que acaso podemos pedirle a alguien que nos explique El Zohar cuando ni siquiera sabe qué es la Cábala?
      Primeramente, usar estas frasecitas es partir de las premisas defectuosas que sugieren que la otra persona carece de algo, está equivocada o tiene el poder de cambiar su capacidad actual. Segundo, opino que no hay palabras ni ejemplos que puedan hacer que una persona perciba más, comprenda más, tenga más conocimiento o inteligencia, ni que sea una mejor persona. Es decir, los cambios que proponen los mercaderes espirituales no pueden ser provocados prematuramente, sino aceptados cuando llegan por sí solos.
      Entiendo aquellos lectores que deben estar horrorizados por estos párrafos de apertura, pues la educación formal e informal convencional comúnmente nos asegura que tanto las palabras de aliento como los buenos ejemplos pueden ayudar a "mejorar" otras personas. Por supuesto, en esto siempre se asume que el que dice las palabras o da el ejemplo está en un estado superior a la persona que que supuestamente necesita la mejora. También nos olvidamos que hay trabajo que hacer (experiencias que vivir) en todos los "grados".
      Sí, reconozco que hay palabras y ejemplos que ayudan a cambiar a otras personas, pero no siguiendo la lógica de que las palabras y los ejemplos son los agentes que causan el cambio. En esos raros casos la verdadera causa del cambio es la madurez espiritual de la segunda persona: lo interno, no lo externo. Explicado alegóricamente, una persona en estado 3 de desarrollo puede solamente vivir las experiencias de ese estado y eventualmente cambiar solamente al estado 4. Asegurarle a una persona 3 que puede vivir normalmente como una persona 5 es, cuando menos, ingenuo. Exigírselo es cruel.
      Como sabemos, la evolución no da saltos abarcadores, sino pasos micronésimos que no podemos notar en nuestro diario vivir. De hecho, opino que los aparentes saltos en la evolución de la naturaleza, según notados por la ciencia, son en realidad cambios a nuevas etapas de desenvolvimiento que aparentan no tener conexión con la secuencia anterior. Los cambios entre etapas, y dentro de cada una, forman patrones coherentes que son demasiado amplios para ser notados por el ser humano. De este modo, los llamados "saltos cuánticos" de consciencia (otro clisé de moda en la espiritualidad actual) son quimeras extrapoladas erróneamente de los procesos subatómicos.
      Pero también reconozco que, de hecho, cada persona crea su propia realidad. Cuando he preguntado a personas que continuamente repiten esta frase cuál es el significado de esta, la contestación menos rebuscada que he recibido es que "la manera en que cada uno piensa ES su propia realidad", u otros vagos facsímiles de esta que en realidad dicen poco o nada. ¿Cómo específicamente creamos nuestra realidad? Permítame el lector mi versión del proceso, como sigue.
      Todo esto tiene que ver con la energía mental. Como sabemos, desde la década de 1920 la ciencia ha estado estudiando los "campos energéticos humanos", investigación que incluye la generación de energía que se extiende partiendo del cerebro, del corazón y de otros componentes físicos. Por ejemplo, según la investigación de Benton y Donohue, "la potencia mental puede ser medida en términos del metabolismo del cerebro" usando sistemas de imágenes por resonancia magnética funcional o de tomografía por emisión de positrones.(1) Básicamente, nuestra mente está generando energía constantemente y esta energía, matizada en gran medida por nuestras emociones, lleva una carga afín con sus cualidades.
      En el vasto universo multidimensional en que existimos, la energía de nuestros pensamientos atrae experiencias (personas, situaciones, lugares, etc.) afines con esta. De este modo, por ejemplo, los patrones mentales generados por una persona agresiva atraen experiencias análogas a la agresividad. Pero esta secuencia causa-efecto no termina ahí, sino que cuando las experiencias se manifiestan en nuestras vidas la manera en que nosotros reaccionemos, impulsado por las emociones, también influencia el sistema.
      En este ejemplo los pensamientos agresivos atraen experiencias de agresividad que suscitan en nosotros una reacción agresiva incluyendo pensamientos y emociones agresivos… repitiéndose continuamente en un círculo vicioso. Este ejemplo es solo uno, consideremos adicionalmente todos los pensamientos desarmonizados y nocivos de los cuales es capaz el ser humano. En este tipo de situaciones vive la inmensa mayoría de la humanidad actual, en patrones de retroalimentación mental que tienden a perpetuarse. Así creamos nuestras experiencias y con estas nuestra realidad individual.
      Ahora bien, dado que ninguno de nosotros vive en un vacío (aislado en el espacio), pensemos en las cualidades de la carga energética que miles de millones de personas generan continuamente, no solo creando su propia realidad inmediata, sino también bombardeando el entorno de nuestro planeta en el proceso. Afortunadamente, existe un sistema de contrapeso que asegura que el planeta funcione hasta el término de cada ciclo mayor, pero eso sería tema de otro ContraPunto.
      Este esquema cíclico individual de pensamiento-energía-experiencia-reacción puede continuar durante un sinnúmero de vidas encarnadas y por lo general no vemos ningún beneficio en los momentos dolorosos que nos trae la vida como resultado. Pero en realidad son los momentos difíciles los que impulsan nuestra evolución espiritual, siempre mejorando, milésima a milésima, desarrollando una mente neutral.
     Nuestras pequeñitas vidas humanas son puntos de tensión temporal en la perfecta plenitud de la polaridad del universo manifestado. Todos los puntos de tensión (la carga negativa de la polaridad) y de armonía (la carga positiva) componen la cualidad dinámica del universo. Nuestra realidad anterior, actual y futura contribuye a la realidad universal.
      ¿Pero cómo se rompe el ciclo y salimos de los estados evolutivos dolorosos? Afortunadamente ningún estado de desarrollo espiritual es eterno. En algún momento, agotados por vidas llenas de tropiezos y sufrimientos, nos damos cuenta de cómo creamos nuestra realidad. Partiendo desde allí, en distintos estados poco a poco la frecuencia vibratoria (cualidades) de nuestros pensamientos cambia, nuestra capacidad de percepción adelanta su paso y la mente reactiva va desapareciendo. Eventualmente nuestro progreso se acelera exponencialmente hasta que llegamos al punto de no necesitar las experiencias que nos provee la vida encarnada en este planeta. Solamente así llegaremos a encarnar aquí por opción, no por obligación.
      Claro que el camino es largo, pero eso no nos debe desanimar. En este momento estas palabras quizás no le sirvan a muchos. Sin embargo, algunos puntos a recordar que podrían ser consuelo para algunos, son que en realidad ninguna experiencia es "negativa" porque todas contribuyen a nuestro desarrollo, que cada persona está en su mejor estado espiritual posible en este momento y que por tales razones ni las críticas ni las prédicas a otros tienen valor alguno.
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(1) Benton, D., Parker, P. Y., & Donohoe, R. T. (1996). Journal of Biosocial Science, 28, 463–479.